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Y de Artaud. Y de Stanislavski. Y de todo: El puritanismo en el teatro.


Teatros del Canal. Sala Roja.

Septiembre 2024.




"DAMON no comenzó con Bergman, sino con Liddell. Luego mucho Artaud. Y luego siguió con Liddell. Mucho Liddell."

Triste es el destino de la expresión artística que se sujeta a normas técnicas, pues ellas acabaran esclerotizando su aparición.

 

Y triste es el destino de la expresión artística que no se sujeta a normas técnicas, pues se perderá en la total y completa indefinición, y sus hijos se refugiarán en el mundillo del escándalo sin objetivo, y en el pequeño infierno de los fuegos artificiales tan enamorados de sí mismos que ni siquiera se dan cuenta de que se han apagado.

 

Y sin embargo en el primer caso será una muerte fecunda, pues hará evolucionar las formas bajo las que aparece, en este caso, el teatro.

 

En el segundo caso, después de la tormenta vendrá la calma. Y no habrá nada.

 

DÄMON no comenzó con Bergman, sino con Liddell. Luego mucho Artaud. Y luego siguió con Liddell. Mucho Liddell. Y al final un pelín de Bergman. Y mueren todos, perdón por el spoiler.

 

Una persona muy querida tiene puesto en la puerta de la nevera un papel escrito con el siguiente texto: “Soy una persona muy sensible, y te ruego que me hables con respeto y no me lleves la contraria de ninguna manera”. El texto apareció una vez esa persona se hizo mayor. Y es que cuando uno sabe que se hace mayor es cuando se da cuenta de que cada vez le molestan más las críticas.

 

Pues bien, esto que están leyendo ahora mismo no es una crítica. Ni siquiera una reseña. Es una forma de expresión que quiere contar algo del teatro. Y que para hacerlo toma como referencia sus apariciones fenoménicas (valga la rebuznancia).

 

Es, por lo tanto, y siguiendo el profundo sentimiento que transmite DAMON – en forma de palabras unas veces, en forma de aguas ano-vaginales otras – verdad en sí mismo y cualquier crítica de esta no-crítica será castigada con el desprecio y el deseo de que su autor padezca muchos males y penas.

 

Y esta es una de las enseñanzas-sentimiento que saqué de la obra de Liddell nada más empezar. La verdad de una obra es intocable, porque es sentida como tal por el artista. Y el que la ponga en duda es un hijodeputa que merece morir. Y un odiador. Por eso decido acogerme al nuevo sagrado y reclamar para este texto la bendición y la protección que allí se reclamó para la obra que se estaba poniendo en escena. Una vez puesto a salvo, vamos con la no-crítica.

 



"... Luego unos ejercicios olímpicos en manejo de silla por relevos. Y unos viejos que eran propiamente viejos y hacían de viejos."

¿Y qué es lo que se transmitió en DÄMON que tan verdad es? Pues los primeros 50 minutos de obra dieron cuenta de ello: Todo es una puta mierda, y vamos a morir todos, y además lo merecemos porque somos todos unos hijosdeputa hipócritas y nos engañamos constantemente y engañamos a los demás y, de nuevo, todo para envejecer, sufrir y finalmente morir para siempre jamás, dejando una peste que te cagas. Y lo único que realmente se salva es ser consciente de ello y gritarlo alto y claro. Y eso es verdad. Y el que lo dude es un hijodeputa hipócrita violador de niños. O aun peor, es un crítico de teatro que se ha metido con la obra de Liddell. 50 minutos. Luego unos ejercicios olímpicos en manejo de silla por relevos. Y unos viejos que eran propiamente viejos y hacían de viejos.


Podría argumentarse que lo que Liddell puso encima de la escena era un personaje. ¿Un personaje que se pone al servicio de su autora para desbaratar toda crítica? ¿Y que con el mismo tono, y la misma puesta en escena hace el resto de la obra? Un personaje no-personaje. Una confusión entre verdad de la vida y verdad de la escena. Una no-obra, entonces.


Vengo de una forma de hacer teatro que entiende este arte como interpretación. Es decir, como la presentación de alguna parte del conflicto que supone ser humano a través de una historia recreada por personajes. Y la forma de elaborar esos personajes en escena, y por lo tanto de dar vida al conflicto es técnica.

 

No es la única forma de entender el teatro. Es la mejor para mí, pero no necesariamente para otros. Y sin embargo, en cada realización de esa forma, la mía o cualquier otra, se juega la esencia del teatro. Qué sea teatro es algo que se cuenta cada vez que se crea, se ensaya y se representa una obra. Y se pone en cuestión también cada vez que esto ocurre.

 

"El indudable carácter transgresor de DAMON no garantiza su teatralidad. "

El indudable carácter transgresor de DÄMON no garantiza su teatralidad. Y eso que es una transgresión de manual. La cuarta pared se rompe de forma constante. Hay un tránsito permanente entre la autora/directora y el personaje que quiere aparecer en escena, rompiendo también el carácter de ficción. La obra acaba como mínimo tres veces. Y un largo etc. Es tan indudable su carácter transgresor y tan de manual, que acaba pareciendo un poco forzado. Demasiado de manual. El rociado ano-vaginal del principio, el insulto constante de la primera mitad, la desnudez plana e inexpresiva de toda la obra, todo ello es marcadamente provocador. Pero ¿teatro? Es decir, todo eso ¿para qué?

 

Para hacer teatro no basta con epatar al burgués. Incluso aunque sea tan estúpido como para dejarse rociar con aguas sucias y no solo no irse, sino encima aplaudir y considerar que eso eso es una genialidad.

 

El pontífice era un pontífice solo porque llevaba disfraz de pontífice. Era, propiamente, disfraz. No vestuario. No había construcción física alguna. Los viejos eran viejos, y tres cuartos de lo mismo. Y la acción se sustituía por órdenes de la directora en vivo y en directo. Inluso uno de los momentos más criticados, la supuesta masturbación del pontífice, fue un mero agarrado de pene de lo más aséptico. Escandalizaba poco o nada. No había ningún cuidado en su realización y parecía que le daba más asco que otra cosa.  Pero un asco tapado, no construido, no interpretado en el lado de la luz, como ella le llama. Más pena interpretativa que asco en el lado de la oscuridad, en resumen.

 




"El actor debe morir. No cabe duda. Pero hay una forma de morir fecunda, en la cual el actor muere para dejar vivir al personaje. Y hay una forma de morir en la cual la frustración de tener que dejar paso a otra cosa lo mata todo."

Lo verdaderamente importante para mi forma de ver el teatro estaba presente de manera descuidada y muy de pasada. Y lo que es más accesorio para mí, los fuegos artificiales, la provocación ramplona del pedo caca culo pis, esa parte se comió toda la obra.

 

Liddell dejó claro qué le importa de verdad: provocar al precio que sea. Incluso al precio de matar la obra. O quizá es exactamente eso lo que se buscaba. Solo para constatar que después de un asesinato el muerto está muerto. Y en teatro, por su propia esencia efímera, desaparece todo. Incluido el cadáver. Aprovechar el teatro para matar al teatro a ver qué queda después es efectista, pero luego no queda nada. ¿Nos regodeamos en la nada? Venga. Y luego, ¿qué?

 

El actor debe morir. No cabe duda. Pero hay una forma de morir fecunda, en la cual el actor muere para dejar vivir al personaje. Y hay una forma de morir en la cual la frustración de tener que dejar paso a otra cosa lo mata todo. A mi me gusta más la primera. A Liddell, por lo visto en DÄMON, podría parecer que la segunda. No estamos de acuerdo. Acordemos no estar de acuerdo.

 

Hay una forma de puritanismo que consiste en tener razón, imponer esa razón como verdad a través del arte, y aniquilar cualquier otra forma de expresión que señale sus fisuras en función de esa verdad. Que es única. Y que no admite contradicción. Como todo es devenir, y cualquier foto fija contradice el devenir, cualquier intento de fijar la verdad es mentira, podredumbre, vejez, suciedad y muerte. Y como eso no es todo lo que hay, pero yo he establecido como verdad que sí es todo lo que hay, entonces caca culo pedo pis e hijodeputa quien diga que no es así, y a la hoguera con él. DAMON es una obra esencialmente puritana.

 

Pero, esto anterior, todo ello, es ya relato. Y es expresión. Y por definición no puede ser verdad más allá del gesto de su señalamiento consciente. Y de repente se iguala con otros relatos, con otras expresiones. Y es tan verdad como ellas. Conviven dando cuenta de ese elefante gigantesco que es el mundo como expresión. El problema y el puritanismo llegan cuando una de las expresiones se reclama como verdadera contra el resto y solicita su muerte. Ahí hemos tocado fondo. Espero que la experiencia de ese fondo haya dado algo a Liddell más allá de la certeza de que tiene razón, su discurso es verdad y el que no esté de acuerdo debe morir. Esa sería la segunda parte de DAMON. Espero verla pronto, porque tanto talento como el que Liddell carga debería ser fecundo para poder librarse de él. Si no lo es, acabará aplastándole.

  




"Esa sería la segunda parte de DAMON. Espero verla pronto, porque tanto talento como el que Liddell carga debería ser fecundo. Si no lo es, acabará aplastándole."


 

¿Quieres leer más críticas?

Échale un vistazo a nuestras publicaciones anteriores:


FICCIONES.

Compañía Exlimite

Teatros del Canal


Mi nombre es Lucía Joyce.

De Sofía Buzali

Sala Umbral de Primavera


La Batalla de los Ausentes

Dirección de Paco de la Zaranda

Teatro Español


 

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Página Web de la sala:


Ficha de la obra:

Teatros del Canal. Sala Negra.

Mayo 2024.




"Mis compañeros de velada me preguntaron al salir por mi opinión ... Soy culpable, Señoría, pero fue por amor. "

Salí de los Teatros del Canal siendo incapaz de hacerme una idea clara. Hacía tiempo que no iba al teatro, aquejado como algunos de mis compañeros de viaje escénico de una parálisis de interés ante la sobreabundancia de propuestas de representación que se escudan en la filosofía y la gracieta a partes iguales para intentar tapar el enorme agujero que engulle a nuestro teatro español.

 

Mis compañeros de velada me preguntaron al salir por mi opinión. Pero fui incapaz de contestar. Indagué, como suelo hacer, en las causas, y me parecieron evidentes casi desde el principio. Fui a ver FICCIONES impulsado por el entusiasmo de Luisa y de Pablo. Y eso, de toda la noche, fue sin duda lo mejor. Decir lo que pienso de forma inmediata me pareció traicionar esa generosidad, y no lo hice. Soy culpable, Señoría, pero fue por amor.

 

"Mis compañeros de velada me preguntaron al salir por mi opinión ... Soy culpable, Señoría, pero fue por amor. "


"Hubo chistes muy buenos, algunas imitaciones brillantes, y mucha intensidad ... no creo que el teatro se haga solamente con chistakos, imitaciones, gestualidades desbocadas o mucha intensidad. "

Por otro lado se merecían una respuesta. No porque mi opinión sea especialmente importante, sino porque no contestar sería una grosería. Así que escojo el camino de en medio y plasmo mi opinión en diferido y donde solía hacerlo antes de los Tiempos del Aburrimiento: aquí.

 

La obra, como me pasó otras veces con otras obras, me aburrió durante la mayor parte del tiempo. Hubo, a ratos, chistes muy buenos, algunas imitaciones brillantes, y mucha intensidad. Lamentablemente, como saben todos los que me conocen, no creo que el teatro se haga solamente con chistakos, imitaciones, gestualidades desbocadas o mucha intensidad. No es que no me gusten, es que no es suficiente. Ni de lejos.

 

"En esta obra no hay cuerpo sólido, y por lo tanto ni deconstrucción ni diseminación ... Descubrir que se puede deshacer el sentido dejando entrar al caos es excitante, divertido, y puede que muy audaz, pero no es arte."

Empezemos por la obra. Antes de leer el dossier me había apostado conmigo mismo una cena (siempre gano y sigo engordando a base de ganarme apuestas) a que las palabras “diseminación” o “deconstrucción” aparecerían abundantemente. Y así es. Lamentablemente creo que los autores del dossier o no han leido a Derrida, o no lo han entendido. Seré breve (famosas últimas palabras): no puede haber diseminación del sentido si no hay previamente sentido. No se puede deconstruir nada, si no hay nada que deconstruir. Y no había nada. La deconstrucción que da lugar a esa diseminación, es una operación quirúrjica de precisión, y solo puede operar sobre un cuerpo aparentemente sólido. En esta obra no hay cuerpo sólido, y por lo tanto ni deconstrucción ni diseminación. En vez de eso, lo que hay es una corriente constante de ocurrencias - algunas brillantes -, puestas adrede en riguroso desorden, de forma que no se pone límite a nada. Y el resultado es tan abundante y tan “diseminado” que acaba habiendo poco de algo, y mucho de nada. Y la nada no es deconstruible. Y mucho menos interesante. El arte es límite en el caos; es creación de sentido; es dirección para las miradas curiosas. Se puede oponer una corriente de creación de sentido a otra, y se pueden crear nuevas corrientes oponiéndose a las anteriores. Descubrir que se puede deshacer el sentido dejando entrar al caos es excitante, divertido, y puede que muy audaz, pero no es arte.

 



"¿qué está pasando? Nada. ¿Es divertido? A ratos, mucho. ¿Es teatro? Hay opiniones ... Es escuela."

¿Qué aparece ante nuestros ojos de público? Una sucesión de gags, imitaciones, frases ingeniosas, gestualidades indeterminadas, con las cuales vamos pasando el rato. ¿qué está pasando? Nada. ¿Es divertido? A ratos, mucho. ¿Es teatro? Hay opiniones para todos los gustos. Para mi, por ejemplo, es más de lo mismo: intérpretes muy intensos, capaces de mucho riesgo, que se dedican a hacer juegos de escuela de interpretación, (juegos de impro, de imitación, etc) y de ofrecerlos como si fueran teatro. Como si hacer teatro consistiera en coger esos juegos que uno aprende en la escuela y, cuando ya los dominas bien, ponerlos juntos sobre el escenario con un título. Viendo la procedencia de los intérpretes, me parece lógico. Después de asistir a algún fin de curso de las escuelas madrileñas de moda, me parece coherente que al salir sigan haciendo lo que les han enseñado, y además lo premien. ¿Es teatro? Lo veo un poco limitado para decir que es teatro. Es escuela.

 

Intento explicar la diferencia con un ejemplo: La escena de los Panero fue uno de los grandes éxitos de Ficciones. Pero era una caricatura. Aparecían la impertinencia vital de Michi, o la locura de Leopoldo, pero nada más. Nada aparecía de ese “mejor escritor español sin obra”, ni de esa relación imposible de todos ellos con la palabra. De la tragedia de la condena a escribir para tapar un desastre vital, ni rastro. No había profundidad alguna. Eso sí, la imitación fue graciosísima. ¿Para qué? Aun no lo se. ¿Por qué salían los Panero? Aun no lo sé. Como ejercicio de las escuelas madrileñas de moda, impecable. Como teatro, inexistente. No se construyó un personaje. Se imitó para crear una caricatura. Graciosa, pero insoportablemente leve. ¿Carlos Latre es actor? No. Carlos Latre es un genio de la imitación. Me encanta ir a verle y reirme con ese don excepcional que tiene. Pero no crea personajes. Son cosas distintas.

 



"Ficciones será un éxito ... Tiene todos los ingredientes que hacen falta para triunfar hoy en España."

No hay que preocuparse. Ficciones será un éxito, y la compañía Exlímite ganará muchos premios. Tiene todos los ingredientes que hacen falta para triunfar hoy en España. Hacen puestas en escena rapidísimas en las cuales todo se sucede a velocidad de vértigo. Los intérpretes son muy talentosos, intensos y capaces de asumir muchos riesgos en escena. Pueden imitar mucho y muy bien, y hacer muchos chistes seguidos. Y todos provienen de escuelas que nunca dejarán de premiarse a sí mismas para que el bucle se cierre y sea perfecto. ¿Qué puede salir mal?

 

Por mi parte, sigo creyendo que un salón de bodas hay que crearlo en escena; que ponerlo allí, tal cual, no me lleva a él de forma inmediata (sigo pensando con los grandes maestros que ¿para qué quiero a los actores si ya puedo construir el salón de palos y telas?, y total, si los puedo imitar exactamente iguales a la realidad de la vida, ¿para qué quiero hacer teatro?). Sigo creyendo que la intensidad, el riesgo y la imaginación son prerrequisitos para hacer teatro - y los intérpretes de ficciones iban sobrados -, pero no se hace teatro solo con eso. Un pintor tiene que tener intuición espacial, buen pulso, una mirada armónica, pero eso no es pintar. Pintar es una técnica que requiere de esos prerrequisitos, y además requiere aprender el manejo de los instrumentos, es decir, la técnica. Y hacer un buen cuadro requiere de todo lo anterior y además de trascenderlo. Al teatro le pasa lo mismo. Además de saber hacer juegos de escuela, hay que interpretar. Sigo pensando que para deconstruir una obra, primero hay que tener obra.

 




Tal vez toda la confusión venga del hecho de que en español "actuar" es tanto "interpretar" como lo que hace cualquier persona que se sube a un escenario y presenta algo ante un público. Un mago actúa, un mimo actúa, un cómico actúa, un intérprete actúa. Pero no todos hacen teatro.

 

Yo tengo dos amigos, Luisa y Pablo, que me llevaron al teatro a ver y oir teatro, y no puedo estar más agradecido independientemente de lo que vi y oí. Culpable, Señoría, pero fue por amor.


 

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Mi nombre es Lucía Joyce.

De Sofía Buzali

Sala Umbral de Primavera


La Batalla de los Ausentes

Dirección de Paco de la Zaranda

Teatro Español


FALSESTUFF, La muerte de las musas

De Albet y Borras

CDN




 

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Ficha de la obra:

Teatro Valle Inclán. CDN.

Junio 2023.


"Y ahora, el teatro. FalseStuff, que podría ser una copia de, por ejemplo, el caso Fichte, narra el momento – y paso a copiar el argumento de la obra - en el que un policía llega a un local para arrestar tal vez a un falsificador de obras. "


Encuentro especialmente apropiado hacer esta glosa invasiva de FalseStuff, la nueva obra de los autores y directores Nao Albet y Marcel Borrás, enfants terribles ya oficiales del teatro español, que por lo visto, como ellos nos supieron explicar y todo el mundo puede que sepa, tiene su origen anticipado en el teatro barcelonés. La razón de su conveniencia (la de esta reseña imaginativa) es que ésto – esta crítica – es también una copia, y además es copia de otras copias (otras reseñas, al menos en la esencia que por otro lado no existe) que son copias porque copian algo (el sentido) de un original (la obra) que luego, al final, tampoco es tan original porque siempre alguien lo ha hecho antes. O, copiando a mi rapero favorito, algo que se le parece.


Me viene a la cabeza Fichte y su entrada gloriosa en el mundo de la filosofía oficial: escribió la obra pendiente de Kant, y la publicó sin firmar. Al poco tiempo los críticos más reputados y especializados en el filósofo de Könisberg aseguraron que no hacía falta que lo firmara. Era sin duda de Kant, tanto por su estilo, como por su genio y por el tema tratado. Fichte copió una obra no escrita, y lo hizo tan bien que parecía que no era suya. O sea, que lo hizo mal.


Mi amigo Mini rizó el rizo, y superando a Fichte en talento e imaginación, hizo una crítica (que como acabamos de ver, es una forma de copia, QED) de una obra inexistente escrita por un filósofo inexistente del renacimiento. Y funcionó estupendamente porque aprobó Historia de la Filosofía. El siguiente paso hubiera sido que la época también hubiera sido copiada. Y eso nos hubiera hecho desembocar de lleno en el mundo de la ficción. Que es a lo que vamos.


"El teatro es re-presentación, y difícilmente puede ser otra cosa que no sea copia porque copiar es su esencia: vuelve a poner sobre el escenario algo de eso que llamamos vida"

Y ahora, el teatro. FalseStuff, que podría ser una copia de, por ejemplo, el caso Fichte, narra el momento – y paso a copiar el argumento de la obra - en el que un policía llega a un local para arrestar tal vez a un falsificador de obras. ¿De qué obras? Vayan a averigüarlo, que merece la pena, y nos ahorramos otra copia más.


El caso es que sobre el escenario Albet y Borrás desplegaron su ya más que reconocible estilo: citas cinematográficas, argumentos en este caso sencillos pero trabajados desde la complejidad que proporciona el metateatro, niveles narrativos superpuestos y entrelazados, uso de tecnologías más propias de otros tipos de expresión ... y muchísima imaginación y talento narrativo puestos en juego. ¿Y el teatro?


Dentro de ese vergel de propuestas había una parcelita algo más amarillenta y algo menos frondosa.


El teatro es re-presentación, y difícilmente puede ser otra cosa que no sea copia porque copiar es su esencia: vuelve a poner sobre el escenario algo de eso que llamamos vida. Incluso, como mi amigo Mini, cuando esa vida es inventada y copia algo que no existe pero es creíble. Borrás y Albet se hacen preguntas propiamente filosóficas sobre la esencia de las cosas y su expresión, y las representan en ese modo que llamamos genericamente teatro.


"Hay quien piensa que lo que se pone en juego en un escenario es el cuerpo de uno o varios intérpretes al servicio de la creación de sentido en torno a algo de lo que somos."

Hay quien piensa que ese teatro es sobre todo diversión. Si esto es así, FalseStuff ha cumplido con creces su cometido porque la obra es muy divertida. Como lo fueron las anteriores obras. Pero por otro lado, si la esencia es la diversión, no deja de ser – en ese sentido - una copia de las comedias de Arturo Fernández o de Lina Morgan, que también eran, en general, muy divertidas para la gente que iba a verlas. Adornarlas de una forma u otra afecta más o menos a la autoestima y el lugar ideológico desde el que nos queremos mirar, pero no deja de ser adorno.


También hay quien piensa que lo que se pone juego en una representación teatral no es sólo la capacidad de divertir a los demás, o de impresionar con recursos externos, o de elaborar textos intensos. Hay quien piensa que lo que se pone en juego en un escenario es el cuerpo de uno o varios intérpretes al servicio de la creación de sentido en torno a algo de lo que somos.


Y ese fue el trozo de parcela que me pareció algo mustio. Seguimos presa de los juegos de escuela de teatro y de los match de improvisación. Con gestualidades estándar que parecen más preocupadas por hacer algo que parezca natural mientras van a lo importante, que es hacer gracia diciendo cosas.


Hay algo de lo cinematográfico actual en este estilo. No solo porque el lenguaje en sí mismo parece un montaje de cine. Además pasan muchas cosas muy deprisa, y los intérpretes se esfuerzan por parecer personas de verdad, muy naturales, por oposición a ser personajes muy orgánicos. Es una opción, pero no es la que más me gusta.


"La siguiente obra de Albet y Borrás es una de mis expectativas principales en cada temporada de teatro."

La siguiente obra de Albet y Borrás es una de mis expectativas principales en cada temporada de teatro, junto con dos o tres más. La espero con ganas y siempre hay algo que me hace querer volver. Por supuesto está el talento individual y la gracieta que tienen, además de los montajes tan imaginativos y exhuberantes. Y siempre tengo la duda de qué hubiera ocurrido si, además, la interpretación hubiera trascendido y la escenografía hubiera tenido menos vocación de decorado y más de entorno de la obra.


Me quedo con dos momentos en FalseStuff. Uno, la escena en la que se comienza a relatar la vida de nuestro estafador a través de una coreografía primero individual y luego colectiva. La implicación de los cuerpos y la posibilidad de poner el relato en el cuerpo y darle sentido me despertó la imaginación. Otra, el monólogo de la supuesta pareja de nuestro estafador, no por lo que tenía de interpretación - porque fue un monólogo más bien paseado que interpretado -, pero sí porque por primera vez aparecía algo de la esencia y la contradicción en la copia. Entre las risas se abrió un poco el abismo propiamente humano. ¿Como amar a alguien que, a base de no ser él, acaba no siendo nadie? Interesante.


Finalmente, recojo la inquietud que origina la obra: ¿qué ocurriría si se falsificaran obras de teatro? ¿No será esa la razón por la que aparecen reiteradamente los mismos recursos visuales en las producciones que se pueden ver últimamente?


El mundo es expresión. Y lo es de un supuesto original que es inaccesible porque una vez que se expresa, ya es copia. Y, como acabamos de ver, copia de algo que no sabemos. Copia de una ausencia, copia de nada. Y el teatro es copia de la copia dado que no solo expresa, sino que además re-presenta lo que se presenta de otra forma. La pregunta sería, ¿puede ser el teatro algo que no sea falsificación? Platón expulsó a los escritores de tragedias de la República por mentirosos. Quizá por copiar mal. Lo cual significa que hay algo original que copiar, y nos devuelve al principio. A lo mejor la recurrencia de motivos tiene menos que ver con el hecho de que haya un complot para copiar originales, que con el hecho de que, por eso de la inteligencia colectiva, todos copiemos de la misma manera compartida. O sea, que no hay copia. Puede que sí, y puede que no, pero en todo caso no hay nada que temer: Los premios se siguen entregando de forma individual.


 

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